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20 Dic 2014

Profesor Canadiense Cumple Con Su Promesa

Profesor_Bruce_Farrer“En 1961, Bruce Farrer se encontró por primera vez frente a un grupo de adolescentes en un aula. Aunque por aquel entonces tan sólo tenía 19 años, se le ocurrió una tarea muy especial para sus estudiantes: se trataba de escribir una carta de 10 páginas a su mismo yo de dentro de 10, 15 o 20 años. Para aprobar, bastaba con dedicar un buen rato a poner en negro sobre blanco tus esperanzas actuales y pensar en cómo te gustaría ser pasadas un par de décadas. Pero no se trataba de un mero ejercicio de abstracción, sino que Farrer ha enviado dichas misivas a sus alumnos décadas después de su escritura, poniéndolos frente a frente con los niños que fueron.



El profesor lleva enviando dichas cartas desde mediados del siglo XX y sigue haciéndolo ahora que vive jubilado a sus 72 años. No es un trabajo fácil, ya que muchos de sus estudiantes se han mudado de su pueblo y Farrer les ha perdido la pista. “Para mí es un trabajo de detective, porque los niños se van a vivir por todo el mundo”, explicaba el viejo profesor, que dio clases de lengua en el pequeño pueblo de Fort Qu’Appelle, en la provincia canadiense de Saskatchewan. “Eso me entusiasma”.

Ninguno de sus alumnos ha rechazado leer esa carta olvidada que volvía desde su pasado, aunque muchos la han mirado con recelo, no únicamente por sentir que podrían haber traicionado al niño que fueron, sino porque también podría hacerles recordar a los familiares y amigos que se han quedado en el camino. Farrer ha comprobado cómo, tristemente, muchas de sus cartas no han alcanzado a su destinatario, puesto que este ha fallecido, a veces en accidentes de tráfico, por enfermedad o tras suicidarse.

En un primer momento, Farrer simplemente se propuso que sus estudiantes escribiesen, pero más tarde se dio cuenta de que sus cartas podían convertirse en una experiencia transformadora. “A veces se muestran entusiasmados cuando reciben sus cartas”, explica en un vídeo realizado por WestJet. “Creo que algunos se sienten avergonzados por lo inmaduros que eran, pero cuando tienes 14 años, eres inmaduro. Otros no quieren mostrárselas a sus padres o parejas”. Se trata de una cuestión de compromiso: como explica Farrer, ahora vivimos en una sociedad donde no mantenemos nuestra palabra, y con sus actos, intenta inculcar dicha disciplina en sus alumnos.

Las misivas tienen más valor ahora que el correo postal prácticamente se ha extinguido. “Hace muchas generaciones, cuando las cartas eran escritas con mucho cuidado, era la única manera de que tuviéramos a dicha persona en el mismo lugar”, explica el docente canadiense. “La carta representaba parte de la persona que la enviaba porque al abrirla, la teníamos delante de nosotros”. En dicho caso, se puede decir que los antiguos estudiantes se encuentran, gracias a Farrer, con una visita de su yo pasado.

Lo que el niño que fuimos dice de nosotros

Aunque enfrentarnos a nuestros viejos sueños pueda ser un ejercicio deprimente en cuanto que nos ayuda a darnos cuenta de todo aquello en lo que hemos fracasado, algunos de los alumnos de Farrer se toparon con que eran unos buenos futurólogos, no sólo respecto al devenir del mundo sino también respecto a sus propias vidas. En la primera categoría encaja aquel que escribió que “el mundo será más computarizado, con autos computarizados y naves y robos computarizados”. En la segunda, el estudiante que estaba obsesionado con ABBA y quería salir con una “sueca rubia y guapa”… Y que ahora vive en Suecia con su mujer nórdica.
Algunas historias son enternecedoras, como la de D.J. Anardi, que recibió su carta a los 36 años. En ella, explicaba a su yo futuro que estaba saliendo con una chica, pero que se sentía atraído por otra llamada Erin. Hoy, Erin es su mujer y la madre de sus hijos. No todo ha encajado tan bien en su vida: aunque le habría gustado jugar al fútbol, trabaja en una planta siderúrgica. Y a pesar de que quería tres o cuatro niños, por ahora sólo tiene dos.

¿Quién no querría ser profesor después de haber sido enseñado por alguien como Farrer? Es lo que le ocurrió a Scott Fulton, que cuenta su historia en CBC. Aunque su yo más joven pensaba que ya estaría casado, en realidad Fulton no lo está, pero sí decidió estudiar para ser profesor. Quizá un profesor que, como Farrer, no se considere un gran maestro, sino alguien normal y corriente que un buen día tuvo una buena idea.”

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